Sí. En la mayoría de los casos, el ejercicio durante el embarazo es seguro, recomendable y beneficioso tanto para la madre como para el bebé. La evidencia científica demuestra que mantenerse activa mejora la condición física, ayuda a controlar el aumento de peso, reduce el riesgo de diabetes gestacional y preeclampsia, disminuye el dolor lumbar y favorece un mejor estado de ánimo y una mejor calidad del sueño.
Para el bebé, el ejercicio materno se asocia a un entorno intrauterino más saludable y a un menor riesgo de complicaciones metabólicas.
Existen guías internacionales con recomendaciones muy claras al respecto, como la Guía Canadiense de Actividad Física en el Embarazo y las Guías Australianas de Ejercicio en el Embarazo, que apoyan de forma contundente la práctica de actividad física regular durante la gestación, siempre de forma adaptada.
La clave es que el ejercicio esté supervisado y ajustado a cada etapa del embarazo. Un acompañamiento profesional asegura que los movimientos, intensidades y progresiones sean los adecuados, garantizando una práctica segura y beneficiosa para ambos.